Del embarazo a los tres años, cada familia acompañada con nombre y apellido: quién viene, quién falta, quién necesita algo hoy. El equipo territorial trabaja sin señal y la madre tiene el programa en el teléfono.
Los datos son del organismo que contrata: se cargan una vez, viven en su propia base y se exportan cuando quiera. No hay lock-in ni base compartida con nadie.
Datos de ejemplo.
No falta voluntad ni faltan equipos: falta el hilo. Una planilla dice cuántos embarazos hay; no dice cuál de esas mujeres no aparece hace seis semanas.
Embarazo, nacimiento, niño y vínculos en una sola ficha, con línea de tiempo: altas, visitas, hitos, derivaciones y mensajes en orden.
El catálogo de controles y acciones lo define la autoridad sanitaria y se carga como configuración versionada. El sistema los agenda solo y avisa cuando vencen.
Zonas, equipos y operadores. Cada caso tiene responsable y cada operador ve únicamente los suyos: nada de búsqueda libre sobre el padrón.
El equipo baja el trabajo del día a la mañana y registra en el barrio aunque no haya señal. Al volver, la cola sincroniza sola y sin duplicar.
La familia pide desde el teléfono, la solicitud cae asignada en la bandeja del equipo y ella ve cómo avanza. Sin llamar, sin ir, sin esperar a la próxima visita.
A qué organismo, con qué prioridad, quién la tomó, en cuánto se resolvió. Lo que hoy se pierde en un mensaje queda medido.
Casos activos por etapa, hitos vencidos, cobertura por barrio y por equipo, tiempos de resolución. Datos agregados para conducir, ficha individual sólo con permiso.
Administración, coordinación, operador y consulta. El rol no alcanza por sí solo: toda lectura se valida además contra jurisdicción, equipo y asignación.
Quién vio, cargó, modificó o exportó qué y cuándo. Registro que no se edita ni se borra, ni desde la aplicación ni desde la base.
El equipo registra el embarazo y suma la familia al programa.
Los hitos del programa se generan solos con sus fechas.
Visitas, llamados y mensajes quedan en la línea de tiempo.
Lo que aparece se deriva, con responsable y plazo.
Se informa el nacimiento, se vincula al niño y cambia la etapa.
Cobertura y tiempos reales, por barrio y por equipo.
La cuenta llega precreada desde el sistema: la madre no completa formularios ni inventa una contraseña, activa con un código y entra. Ve lo suyo y nada más.
Ninguna usuaria puede ver a otra. En un programa de embarazo, un listado de personas cercanas sería un listado de embarazadas del barrio: esas pantallas no están apagadas, no existen.
La Ley 25.326 considera sensible la información de salud. Acá eso no es un anexo del contrato: los datos clínicos van cifrados a nivel aplicación —el disco cifrado no alcanza—, ninguna entidad sensible se guarda sin consentimiento vigente y registrado, y cada lectura de una ficha queda auditada.
No es una historia clínica y no pretende serlo: no emite diagnósticos ni reemplaza al sistema de salud. Registra el acompañamiento —quién fue visitada, qué se detectó, qué se derivó, qué se resolvió— que es justamente lo que hoy no queda escrito en ningún lado.
Una zona piloto, un equipo acotado y el catálogo de hitos que apruebe su autoridad sanitaria. Sin integraciones externas y con el tablero andando desde el primer día.